La polémica sobre el nombre que debe recibir el diamante producido mediante tecnología continúa ganando fuerza. Después de que la CIBJO (World Jewellery Confederation) modificara su posición para respaldar el término synthetic—sintético— para las piedras preciosas producidas tecnológicamente, distintas organizaciones del sector estadounidense preparan ahora el siguiente capítulo de la discusión: la futura revisión de las Jewelry Guides de la FTC. La revisión está prevista, en principio, para 2028, aunque existen dudas sobre si el proceso se desarrollará finalmente en esa fecha.
Stuart Samuels, presidente de la Diamond Manufacturers & Importers Association of America, ha adelantado que su organización defenderá ante la FTC el uso obligatorio o prioritario del término synthetic para los diamantes que no tengan origen natural. El argumento parte de una distinción científica: un diamante sintético sigue siendo diamante, pero su origen no es natural, sino artificial o manufacturado.
Para los partidarios de esta denominación, el problema no está en la naturaleza química o física del material, sino en su procedencia. Desde esta perspectiva, synthetic permitiría diferenciar claramente entre un diamante formado en la naturaleza y otro producido mediante procesos tecnológicos. El debate, sin embargo, está lejos de ser meramente científico. También tiene importantes implicaciones comerciales y de percepción por parte del consumidor.
¿Es realmente adecuado decir “lab-grown”?
Uno de los principales argumentos de quienes defienden synthetic es que la expresión “lab-grown diamond”, habitualmente traducida como “diamante cultivado en laboratorio”, puede resultar engañosa. Sus defensores señalan que estos diamantes no se producen necesariamente en un laboratorio en el sentido tradicional del término ya que son materiales fabricados industrialmente mediante tecnologías como CVD (Chemical Vapor Deposition) o HPHT (High Pressure High Temperature). La cuestión, por tanto, es qué información debe recibir prioritariamente el consumidor: el método tecnológico de producción, su origen artificial o la similitud material con el diamante natural.
En este contexto, la posición de la FTC constituye uno de los principales obstáculos para quienes pretenden convertir synthetic en la denominación predominante. La agencia estadounidense ya expresó en 1996 sus reservas respecto al término. Según la FTC, algunos consumidores podían interpretar “synthetic” como sinónimo de algo falso, artificial o que no fuera realmente un diamante. Precisamente en aquel momento la agencia comenzó a respaldar el uso de expresiones como “laboratory-grown” para este tipo de piedras.
Cuando la FTC revisó sus Jewelry Guides en 2018, fue todavía más lejos: eliminó synthetic de la lista de términos recomendados para describir piedras creadas artificialmente. La explicación estaba relacionada con la percepción del consumidor. La agencia consideró que algunos compradores podían confundir un diamante sintético con materiales como la circonita cúbica, que no posee las mismas propiedades ópticas, físicas y químicas que el diamante.
Sin embargo, hay un matiz importante: la FTC no prohibió utilizar la palabra “synthetic”; lo que advirtió fue que su utilización podía resultar engañosa si se empleaba para sugerir que un diamante cultivado en laboratorio no era un diamante real. Aquí aparece uno de los principales puntos de fricción. Para los defensores de “sintético”, la palabra describe correctamente el origen del material. Para otros actores de la industria, en cambio, el término puede generar una percepción de menor autenticidad entre los consumidores.
Por ejemplo, el World Diamond Council parece adoptar una posición algo más moderada. Su presidente, Ronnie Vanderlinden, ha señalado que el objetivo es que synthetic sea un descriptor principal para los diamantes de laboratorio, pero no necesariamente el único. Esto abre la puerta a un escenario en el que distintos términos puedan coexistir, siempre que su utilización sea clara y no induzca al consumidor a error.
Al mismo tiempo, este debate ha llevado además a que las organizaciones vinculadas al diamante natural también cuestionan determinados cambios introducidos por la FTC en 2018. Uno de ellos fue la eliminación de la palabra “natural” de la definición de diamante. La agencia pasó de una definición que hacía referencia a un “mineral natural” a otra en la que utilizaba simplemente el término “mineral”, en parte como consecuencia de la existencia de diamantes producidos en laboratorio. Para John Ford, CEO de la American Gem Trade Association (AGTA), esta modificación plantea un problema científico. Su argumento es que, desde el punto de vista mineralógico, un mineral debe tener un origen natural. Además, la modificación puede generar una aparente contradicción con otras partes de las Jewelry Guides, que reservan conceptos como “real” y “genuine” para las gemas naturales.
Una revisión que todavía no está garantizada
Aunque 2028 aparece como la fecha prevista para la revisión de las Jewelry Guides, el propio sector reconoce que no existe certeza absoluta de que el proceso vaya a producirse entonces. El precedente de las Green Guides, también elaboradas por la FTC, genera cierta preocupación. A ello se suma una transformación interna de la propia FTC, con la salida de numerosos profesionales con experiencia en el ámbito de la joyería y una reducción significativa de su plantilla.
Por tanto, la industria puede estar preparando una intensa batalla regulatoria sobre la terminología de los diamantes sin saber todavía cuándo tendrá realmente lugar el siguiente asalto.
En definitiva, la decisión de CIBJO ha abierto una nueva etapa en la discusión internacional sobre cómo denominar a los diamantes producidos mediante tecnología. Ahora el foco se desplaza hacia Estados Unidos y, concretamente, hacia la FTC. El verdadero desafío será encontrar un lenguaje que consiga equilibrar precisión científica, transparencia comercial y comprensión por parte del consumidor.

