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Richard Mille llega a Madrid y abre un nuevo capítulo en España

La primera boutique independiente de Richard Mille en España

Madrid suma una nueva dirección al mapa internacional de la alta relojería. Richard Mille abre sus puertas en el número 10 de la calle José Ortega y Gasset, en la esquina con Claudio Coello y en pleno corazón de la Milla de Oro madrileña. Se trata de la primera boutique independiente de la marca en España, un proyecto que refleja la evolución de su presencia en el país y que busca convertirse en mucho más que un espacio de venta.

La boutique, con 441 metros cuadrados, abrió el pasado 28 de septiembre y reúne en un mismo espacio la identidad técnica y contemporánea de Richard Mille con una interpretación arquitectónica inspirada en Madrid. La marca ya cuenta con una presencia consolidada en España desde sus primeros años, cuando algunos de sus primeros clientes y socios comerciales se establecieron en diferentes puntos del país. Con el paso del tiempo, esa relación se ha fortalecido hasta desembocar en la apertura de un espacio propio en la capital. La evolución del modelo de distribución de Richard Mille hacia boutiques independientes hizo de Madrid una elección natural.

“España forma parte de la historia de Richard Mille desde los primeros años de la marca, y llevamos más de una década queriendo abrir una boutique en Madrid”, explica Peter Harrison, CEO de Richard Mille EMEA. El directivo señala que la compañía esperó hasta encontrar una ubicación con las características necesarias para crear “mucho más que un entorno comercial tradicional”. Por ello, la elección de José Ortega y Gasset tampoco es casual. La calle constituye una de las principales arterias del lujo madrileño y sitúa la boutique junto a algunas de las firmas internacionales más relevantes. El resultado, según Harrison, pretende funcionar como un auténtico hogar Richard Mille en la ciudad, donde los clientes puedan descubrir los relojes, conocer a los especialistas de la marca y disfrutar del espacio más allá de la experiencia de compra. En este proceso también ha tenido un papel destacado Rafa Nadal, cuya relación con Richard Mille se remonta a hace años y que, según la compañía, llevaba tiempo animando al equipo a establecerse en Madrid.

En cuanto a la boutique, desde el exterior mantiene una estética discreta. Los grandes ventanales de marcos negros y los toldos blancos definen una fachada sobria que contrasta con el carácter más sofisticado de los interiores. Las dos entradas, situadas en las esquinas del edificio, conducen a un vestíbulo de más de cuatro metros de altura. Desde allí se articula un recorrido vertical en el que la zona de ventas ocupa un nivel superior, mientras que los espacios destinados a hospitalidad se encuentran medio nivel por debajo. Un ascensor circular de cristal y una escalera escultórica conectan ambos espacios y contribuyen a crear una circulación fluida entre las diferentes áreas. La distribución responde así a una idea que va más allá de la exposición de relojes: crear diferentes ambientes en los que la relojería convive con espacios destinados al encuentro y la conversación.

En la planta superior, una ebanistería inspirada en las bibliotecas tradicionales organiza dos salones, la zona principal de ventas y diferentes vitrinas. La luz natural tiene un papel destacado en el proyecto y acompaña la presentación de las piezas. Uno de los elementos centrales es el espacio destinado al relojero in situ, acompañado por una sala independiente de pulido. La intención es situar el savoir-faire técnico de Richard Mille dentro de la propia experiencia del visitante. Cinco asientos frente al mostrador permiten observar de cerca el trabajo del especialista y acercan al cliente a una parte del proceso que habitualmente permanece fuera de la vista. La apuesta encaja con la filosofía de la marca, que considera sus relojes instrumentos mecánicos de alta precisión y pone especial énfasis en el mantenimiento especializado y en el trabajo de sus relojeros.

Si la planta superior concentra el universo relojero, el nivel inferior está concebido como un espacio de hospitalidad. Salones privados, comedor, bar, bodega y humidor configuran un entorno pensado para citas, reuniones y experiencias más personales. Entre los elementos más singulares se encuentra una mesa de ping-pong Richard Mille realizada a medida, que incorpora el lenguaje formal de la marca en un objeto alejado de la relojería. Una puerta oculta, integrada en la propia carpintería, conduce además a un salón más reservado. El resultado recuerda más a una residencia privada que a una boutique convencional, reforzando la intención de Richard Mille de convertir el espacio madrileño en un lugar de encuentro para su comunidad.

La apertura madrileña representa una nueva etapa para Richard Mille en España. La firma no solo amplía su presencia física, sino que plantea una nueva manera de relacionarse con sus clientes, integrando relojería, artesanía, arquitectura y hospitalidad. El espacio permite descubrir los relojes, acercarse al trabajo del relojero y, al mismo tiempo, disponer de diferentes ambientes para reuniones y experiencias privadas.

Beatriz Badás
Beatriz Badás
Periodista
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