Es una de las joyas con más carácter del joyero y un icono de los años 80. Esta temporada, el earcuff volvió con un nuevo manual de estilo en el que la elegancia y la versatilidad eran protagonistas. Ahora, la tenista Marta Kostyuk lo ha llevado a la pista de Wimbledon para confirmar desde cómo esta joya puede sacar su lado más sofisticado hasta cómo la relación entre el deporte y la joyería continúa transformando la industria.
En Wimbledon, donde la tradición dicta tanto el juego como la estética, cada pequeño detalle cobra protagonismo. Esta edición, la tenista Marta Kostyuk ha demostrado que el estilo también puede formar parte del partido al saltar a la pista con un llamativo earcuff, una pieza que rompe con la idea de que la joyería debe quedarse fuera de la competición. Su elección no solo aporta un toque de personalidad al impecable blanco que exige el torneo, sino que también confirma la creciente presencia de la joyería en el deporte de élite; de hecho, esta nueva generación de deportistas que entienden la moda y la joyería como parte de su narrativa pública y personal se han convertido en auténticos influencers.

Considerada la joya por excelencia para transmitir carácter y personalidad, este año el earcuff ha saltado del día a día a alfombras rojas, estrenos de cine y bodas. Ahora, también llegado al entorno deportivo aunque en todos estos momentos hay un denominador común: esta joya se reinventa a través de una estética mucho más elegante y sofisticada, convirtiéndose en la joya por excelencia para elevar un estilismo. Con diamantes, con texturas o volúmenes.. más minimal o en formato maxi, las opciones son infinitas.
Una joya que más que una tendencia ya se ha convertido en un must que continuaremos viendo durante esta temporada y la que viene, conquistando diferentes escenarios y momentos. Y un gesto que también confirma la unión definitiva entre deporte, moda y joyería.

