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Orobase: tradición, oficio y apuesta por la creatividad en el diseño de joyería

Alfredo García es rostro y alma de Orobase. Con 75 años y más de medio siglo vinculado a la joyería —trabajando en el sector desde los 15 años y dedicando los últimos 48 específicamente a las fornituras—, aporta una mirada experimentada y optimista sobre un oficio que, según él, ha dejado atrás la monotonía para convertirse en un terreno de creatividad y alegría. “Antes la joyería era muy aburrida; hoy hay creativos, diseñadores y joyeros haciendo cosas muy alegres”, resume Alfredo.

Orobase nació como empresa especializada en fornituras de oro y, con el tiempo, incorporó la plata. Hoy esa diversificación se refleja en la facturación: alrededor del 60% procede de fornituras de oro y el 40% de plata. La clientela es muy heterogénea, desde pequeñas tiendas y talleres artesanos hasta grandes fabricantes y marcas, lo que permite a la empresa operar con flexibilidad y capacidad de adaptación ante cambios del mercado.

La compañía mantiene entre 6.000 y 7.000 clientes activos (entendiendo como activos los que compran al menos una vez al año). En términos de ventas, el 70% de la facturación llega por canales online y el 30% a través de representantes comerciales. Geográficamente, su mercado principal es España y Portugal, aunque Orobase entrega pedidos hasta Alaska y está registrando un crecimiento notable en países europeos como Dinamarca y Francia. 

“La joyería tiene futuro, pero quien no evolucione se quedará atrás”

El sector vive uno de los momentos de mayor transformación de su historia. Han cambiado los hábitos de consumo, los materiales, la forma de vender e incluso el perfil del cliente. Sin embargo, para Alfredo García, fundador de Orobase, el futuro del sector sigue siendo prometedor siempre que las empresas sean capaces de adaptarse. Y su visión nace, precisamente, del contacto diario con el mercado. 

Entre sus reflexiones, destaca cómo la tecnología ha revolucionado los procesos productivos, aunque Alfredo está convencido de que el joyero artesanal continuará siendo el verdadero motor creativo del sector. Destaca el auge de jóvenes diseñadores que comienzan con pequeños talleres propios y desarrollan colecciones dirigidas a un consumidor que busca piezas diferentes y con personalidad. Ese tejido de pequeños talleres, explica, constituye «la matriz de todo» y garantiza el relevo generacional de la profesión. Sin embargo, considera que el talento debe ir acompañado de inversión. La fabricación actual exige incorporar nuevas tecnologías para ganar eficiencia y competitividad. “Quien quiera seguir trabajando únicamente con las herramientas del pasado no va a poder competir”. 

Alfredo también aprecia una gran transformación en el comercio minorista. Las tradicionales joyerías de barrio han reducido su presencia durante los últimos años, mientras que sobreviven aquellas que han sabido reinventarse. A su juicio, el consumidor ha cambiado profundamente. Las nuevas generaciones ya no compran las mismas piezas ni entienden la joyería como lo hacían sus padres o abuelos. Hoy buscan productos más ligeros, actuales y accesibles, una realidad que obliga a modificar tanto la oferta como la imagen de los establecimientos. “Quien no se mueve, se va”. 

Aun así, rechaza cualquier visión pesimista. Considera que la joyería continúa teniendo un enorme recorrido, especialmente cuando conecta con los gustos del consumidor actual. La plata ha ganado protagonismo y también los quilatajes inferiores al tradicional oro de 18 quilates, una práctica habitual en muchos mercados internacionales.

Por último, otra de las reflexiones que más le llaman la atención a Alfredo es la adopción de metales menos esperados en economías con PIB elevado: “me sorprende que muchas sociedades de alto poder adquisitivo trabajen con oro de 9K y 14K”. Esa tendencia refuerza su apuesta por jugar con mezclas de metales (oro y plata) y por explorar diferentes aleaciones de oro. Para Alfredo, el oro de 9 kilates tendrá un papel creciente en el futuro de la industria, por su relación coste-diseño y por las oportunidades que ofrece a diseñadores para experimentar.

Europa, el siguiente paso

Tras consolidar su posición en el mercado español, la empresa centra ahora sus esfuerzos en reforzar su presencia internacional aunque es cierto que Orobase ya suministra fornituras a clientes de Francia, Portugal, Reino Unido, Dinamarca, Noruega, Grecia, Lituania o Eslovenia.

Alfredo considera que el potencial de crecimiento en Europa es enorme gracias a la facilidad logística y comercial que ofrece el mercado comunitario. Aunque no descarta Latinoamérica, entiende que la prioridad pasa por seguir consolidando su posicionamiento digital y aprovechar la capacidad de la web para llegar a nuevos profesionales.

En definitiva, y después de toda una vida dedicada al sector, Alfredo López sigue contemplando la joyería con el entusiasmo del primer día. Lejos de lamentar los cambios, los interpreta como nuevas oportunidades para quienes sepan entenderlas.

La joyería sigue siendo apasionante porque es un reto permanente”. Y resume su filosofía empresarial y personal con una frase que refleja perfectamente su manera de entender la profesión: “La vida hay que vivirla hasta el último día. Hay que morirse vivo”. 

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