Si hay algo evidente en el mundo de la joyería es que el diamante ha ocupado, desde gran parte de la historia de este universo, una posición singular. Más allá de su naturaleza mineral y de las características que determinan su calidad, se ha convertido en un objeto cultural asociado al lujo, el compromiso, la permanencia y a una determinada idea de exclusividad. Su valor y su historia han evolucionado al mismo tiempo que lo ha hecho el sector de la joyería en general, con una nueva generación de consumidores al frente cambiando las normas aunque manteniendo un movimiento cultural que gana cada vez más peso. Esto ha llevado a una consolidación en el mercado de los diamantes creados en laboratorio, representando además un cambio mucho más profundo que la aparición de una nueva alternativa comercial en el sector. El fenómeno está obligando a una industria tradicionalmente construida alrededor de una única narrativa del diamante a convivir con otra historia de origen, otra lógica productiva y otra estructura de precios.
Durante estos últimos años, la industria del diamante ha convivido con distintas expresiones para describir aquellos diamantes producidos mediante tecnología: laboratory-grown, laboratory-created, lab-grown y synthetic. Todas intentan explicar, con diferentes matices, que se trata de piedras que poseen la composición y estructura del diamante, pero que no se han formado de manera natural. Ahora, sin embargo, la industria internacional parece estar entrando en una nueva etapa y detrás de esas palabras se encuentra una cuestión esencial para el futuro del negocio: cómo explicar al consumidor qué está comprando y qué significa aquello que está comprando.
Las recientes posiciones de CIBJO, los movimientos de la London Diamond Bourse, el endurecimiento regulatorio en Rusia y Reino Unido, la estrategia industrial de India y el debate abierto en Estados Unidos por la FTC dibujan un escenario revelador: el sector está intentando encontrar un lenguaje común para una realidad que ya no es única.
Durante la edición de septiembre de Vicenzaoro, el CIBJO, la Confederación Mundial de Joyería, celebró su Congreso Centenario haciendo de este escenario el más idóneo para poner sobre la mesa un debate que cada vez gana más peso. La Confederación ha dado un paso decisivo al respaldar “synthetic” como el término más claro para los diamantes creados en laboratorio. Esta decisión adoptada supone que si un producto está producido tecnológicamente pero tiene la misma composición química, propiedades físicas y estructura que su equivalente natural, debe poder identificarse como sintético. En este contexto, “sintético” no significa falso, imitación ni simulante.
La organización reconoce que expresiones como laboratory-grown y laboratory-created continuarán utilizándose como términos comerciales y que las legislaciones nacionales tienen prioridad cuando establecen sus propios requisitos. Pero para la comunicación internacional y la nomenclatura técnica, su posición es clara: synthetic es el término más inequívoco.

¿Es realmente adecuado decir “lab-grown” o “synthetic”?
Este escenario ha provocado que distintas organizaciones del sector estadounidense preparen ahora el siguiente capítulo de la discusión: la futura revisión de las Jewelry Guides de la FTC, Federal Trade Commission.
Stuart Samuels, presidente de la Diamond Manufacturers & Importers Association of America, ha adelantado que su organización defenderá ante la FTC el uso obligatorio o prioritario del término synthetic para los diamantes que no tengan origen natural. El argumento parte de una distinción científica: un diamante sintético sigue siendo diamante, pero su origen no es natural, sino artificial o manufacturado.
Para los partidarios de esta denominación, el problema no está en la naturaleza química o física del material, sino en su procedencia. Desde esta perspectiva, synthetic permitiría diferenciar claramente entre un diamante formado en la naturaleza y otro producido mediante procesos tecnológicos. El debate, sin embargo, está lejos de ser meramente científico. También tiene importantes implicaciones comerciales y de percepción por parte del consumidor.
Uno de los principales argumentos de quienes defienden synthetic es que la expresión “lab-grown diamond”, habitualmente traducida como “diamante cultivado en laboratorio”, puede resultar engañosa. Sus defensores señalan que estos diamantes no se producen necesariamente en un laboratorio en el sentido tradicional del término ya que son materiales fabricados industrialmente mediante tecnologías como CVD (Chemical Vapor Deposition) o HPHT (High Pressure High Temperature). La cuestión, por tanto, es qué información debe recibir prioritariamente el consumidor: el método tecnológico de producción, su origen artificial o la similitud material con el diamante natural.
En este contexto, la posición de la FTC constituye uno de los principales obstáculos para quienes pretenden convertir synthetic en la denominación predominante. La agencia estadounidense ya expresó en 1996 sus reservas respecto al término. Según la FTC, algunos consumidores podían interpretar “synthetic” como sinónimo de algo falso, artificial o que no fuera realmente un diamante. Precisamente en aquel momento la agencia comenzó a respaldar el uso de expresiones como “laboratory-grown” para este tipo de piedras.
Cuando la FTC revisó sus Jewelry Guides en 2018, fue todavía más lejos: eliminó synthetic de la lista de términos recomendados para describir piedras creadas artificialmente. La explicación estaba relacionada con la percepción del consumidor. La agencia consideró que algunos compradores podían confundir un diamante sintético con materiales como la circonita cúbica, que no posee las mismas propiedades ópticas, físicas y químicas que el diamante.
Sin embargo, hay un matiz importante: la FTC no prohibió utilizar la palabra “synthetic”; lo que advirtió fue que su utilización podía resultar engañosa si se empleaba para sugerir que un diamante cultivado en laboratorio no era un diamante real. Aquí aparece uno de los principales puntos de fricción. Para los defensores de “sintético”, la palabra describe correctamente el origen del material. Para otros actores de la industria, en cambio, el término puede generar una percepción de menor autenticidad entre los consumidores.
Por ejemplo, el World Diamond Council parece adoptar una posición algo más moderada. Su presidente, Ronnie Vanderlinden, ha señalado que el objetivo es que synthetic sea un descriptor principal para los diamantes de laboratorio, pero no necesariamente el único. Esto abre la puerta a un escenario en el que distintos términos puedan coexistir, siempre que su utilización sea clara y no induzca al consumidor a error.
Al mismo tiempo, este debate ha llevado además a que las organizaciones vinculadas al diamante natural también cuestionan determinados cambios introducidos por la FTC en 2018. Uno de ellos fue la eliminación de la palabra “natural” de la definición de diamante. La agencia pasó de una definición que hacía referencia a un “mineral natural” a otra en la que utilizaba simplemente el término “mineral”, en parte como consecuencia de la existencia de diamantes producidos en laboratorio. Para John Ford, CEO de la American Gem Trade Association (AGTA), esta modificación plantea un problema científico. Su argumento es que, desde el punto de vista mineralógico, un mineral debe tener un origen natural. Además, la modificación puede generar una aparente contradicción con otras partes de las Jewelry Guides, que reservan conceptos como “real” y “genuine” para las gemas naturales.
La cuestión no es necesariamente si “synthetic” es una palabra válida, sino qué impresión genera cuando llega al consumidor. Para el CIBJO, la palabra synthetic” es la denominación científicamente más inequívoca mientras que la FTC ha considerado históricamente que esa misma palabra puede resultar comercialmente confusa.
Ambas posiciones parten de una preocupación legítima: proteger al consumidor. Si se utiliza “synthetic”, se pone el acento en la fabricación artificial. Si se utiliza “laboratory-grown”, se pone el acento en el proceso de producción y se evita una palabra que algunos consumidores pueden asociar con “falso”. En ambos casos se pretende informar pero, ¿cuál es la más correcta? Y mientras esta discusión continúa, otra potencia de la industria ha empezado a plantear una pregunta diferente.

India quiere toda la cadena de valor
El pasado 13 de septiembre, durante la ceremonia de los 52nd India Gems and Jewellery Awards, el ministro del Interior de India, Amit Shah, formuló una ambición que sitúa el debate en una dimensión completamente diferente. Shah sostuvo que India debería estar en condiciones de controlar todo el ecosistema y la cadena de fabricación de los diamantes producidos en laboratorio. Esto incluye el desarrollo de las máquinas, la producción de diamantes, la fabricación de joyería, la creación de marcas indias y la apertura de establecimientos comerciales en ciudades de todo el mundo. El Gobierno indio, según explicó, prepara políticas destinadas a proporcionar al país una posición de control sobre ese ecosistema.
Shah llegó a afirmar, además, que se aproxima una “era de los diamantes producidos en laboratorio” y que el mercado podría llegar a multiplicar enormemente su tamaño actual. La apuesta del Gobierno indio consiste en que el país no se limite a ocupar un eslabón de la cadena, sino que domine la mayor parte posible de ella.
En este escenario, India ya había empezado a construir el marco regulatorio. A principios de 2026, el Bureau of Indian Standards (BIS) introdujo una terminología específica para los diamantes producidos en laboratorio, con el objetivo declarado de mejorar la transparencia y evitar la confusión entre productos naturales y producidos tecnológicamente. El estándar indio adoptó laboratory-grown y laboratory-created, prohibió expresiones como “fake” o “artificial” y exigió determinadas formas de divulgación. También restringió abreviaturas como *lab-grown*, *lab-created*, *lab diamond* y *LGD*.
Es decir, el CIBJO acaba de apostar por “synthetic”, mientras que India ha construido su normativa alrededor de “laboratory-grown” y “laboratory-created”. Otros escenarios se presentan en esta transformación, como es el caso de Rusia, quien aporta otro elemento fundamental al debate: la la identificación del producto no solo sirve para proteger al consumidor, sino también para garantizar el control sobre el origen y el recorrido comercial de las mercancías.
Rusia aprobó en mayo de 2026 la Resolución n.º 657, con modificaciones en las normas de venta destinadas a reforzar la identificación de los productos sintéticos. Las medidas entraron en vigor el 1 de septiembre de 2026 y forman parte de una actualización más amplia de las normas que regulan la comercialización de metales preciosos y piedras preciosas en el país. Su objetivo es ofrecer una mayor transparencia al consumidor por ello, uno de los principales cambios introducidos es la obligación de identificar de forma explícita el carácter sintético de cualquier piedra comercializada utilizando el nombre de un mineral natural.
En la práctica, esto significa que las joyas que incorporen diamantes creados en laboratorio ya no podrán presentarse simplemente como “diamantes” sin una indicación clara y visible de su origen artificial. Las etiquetas, descripciones comerciales y materiales informativos deberán incluir expresamente la denominación “sintético”, evitando cualquier posible confusión con las piedras naturales.
La diferenciación debe producirse en el punto de venta, pero también a lo largo de toda la cadena de suministro por lo que la trazabilidad se convierte así en un elemento esencial.
La London Diamond Bourse (LDB), también juega en este debate un papel fundamental tras haber adoptado recientemente “diamante sintético” como término preferente para referirse a los diamantes producidos por el hombre y recomienda a todos sus miembros del sector joyero británico que sigan la misma práctica.
La LDB se considera el primer organismo profesional del Reino Unido que expresa públicamente una preferencia por una única denominación. Hasta ahora, las directrices británicas permitían utilizar indistintamente tres expresiones: “synthetic” “laboratory-grown” y “laboratory-created”. Para la London Diamond Bourse, sin embargo, las tres no tienen el mismo peso desde el punto de vista técnico e histórico y su posición es clara: de las tres, «synthetic diamond» es la denominación técnicamente más precisa, históricamente establecida y reconocida internacionalmente.
El argumento de la LDB parte de una premisa sencilla y es que el consumidor debe poder saber sin ambigüedades qué está comprando. El término “diamante sintético”, según la organización, identifica directamente un producto manufacturado y permite diferenciarlo de un diamante natural, sin recurrir a expresiones que puedan asociarse a estrategias de marketing.
La organización también recuerda que “synthetic” es ya la denominación utilizada por defecto en la nomenclatura aduanera internacional. Bajo el Sistema Armonizado (Harmonized System), utilizado por más de 200 países y territorios, los diamantes producidos por el hombre se clasifican en la partida 7104 como productos “synthetic or reconstructed”. Para la LDB, esta clasificación refuerza una distinción comercial ya consolidada entre diamantes naturales y productos sintéticos manufacturados. Es precisamente esta dimensión internacional la que, a juicio del organismo británico, contribuye a justificar la elección del término.
En un nuevo escenario que no obliga necesariamente a escoger entre diamantes naturales y sintéticos, sino que invita a definirlos mejor, ¿quién definirá las reglas, quién controlará la tecnología y quién contará la historia del diamante del futuro?

