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La joyería gana la batalla del lujo

Los últimos resultados de LVMH dibujan un cambio de prioridades dentro del mercado del lujo. Mientras Moda y Marroquinería retrocede, la joyería mantiene el crecimiento. Tiffany & Co. y Bvlgari son algunas de las grandes protagonistas de esta nueva ecuación del deseo.

En los últimos años, otras industrias como la marroquinería eran el gran fetiche del lujo. Un Louis Vuitton, un Lady Dior o un Baguette de Fendi trascendían su función para convertirse en símbolos culturales, objetos de deseo y, en algunos casos, auténticos iconos de inversión emocional. Los últimos resultados de LVMH confirman una tendencia en la que el centro de gravedad del lujo podría estar desplazándose.

El gigante francés registró 57.148 millones de euros de ingresos durante los nueve primeros meses del año, un 2% más en términos orgánicos. Solo en el tercer trimestre, los ingresos alcanzaron los 18.504 millones de euros, con un crecimiento orgánico del 1%. La cifra global, sin embargo, esconde diferencias importantes entre categorías. Relojería y Joyería creció un 8% orgánico en los nueve primeros meses del año y un 6% en el tercer trimestre. Moda y Marroquinería, en cambio, cayó un 2% en los nueve primeros meses y un 5% en el tercer trimestre.

Los propios datos de LVMH apuntan a que la resistencia de la joyería no es puntual. La división de Relojería y Joyería pasó de crecer un 7% orgánico en el primer trimestre a un espectacular 11% en el segundo, para moderarse hasta el 6% en el tercero. Aun así, acumula un crecimiento del 8% en los nueve primeros meses. Unos datos que se traducen en resiliciencia.

La lectura de esto sugiere que no es que el lujo esté creciendo de forma generalizada, sino que la joyería está demostrando una resistencia claramente superior dentro de un mercado todavía complejo. Y ¿por qué la joyería gana peso? Por su valor emocional, su poder de autoexpresión y su capacidad de contar historias; valores cada vez más importantes entre una nueva generación de consumidores. Y en un momento en el que el consumidor del lujo parece menos interesado en acumular y más dispuesto a seleccionar, esta diferencia adquiere una importancia extraordinaria.

Por otro lado, el informe mundial de Bain & Company y Altagamma, presentado a finales de junio, sitúa a la joyería como el principal motor del crecimiento dentro de los bienes personales de lujo. Según el estudio, el mercado mundial de artículos personales de lujo podría crecer entre un 2 % y un 4 % durante 2026, alcanzando un valor estimado de entre 365.000 y 373.000 millones de euros. Dentro de todas las categorías analizadas, la joyería destaca como la de mejor comportamiento. Mientras sectores como la marroquinería o el calzado continúan acusando la ralentización del consumo, las joyas mantienen una demanda sólida gracias a su capacidad para combinar valor emocional, artesanía, exclusividad y percepción de inversión.

El informe señala que los consumidores siguen considerando las joyas como compras con significado y permanencia, frente a otros productos de lujo más vinculados a las tendencias estacionales. Esta resiliencia convierte al sector joyero en uno de los principales pilares sobre los que se apoya la recuperación del mercado.

Volviendo al informe de LVMH, son dos Maisons las que han marcado la diferencia. Tiffany & Co. continúa reforzando algunas de sus líneas más reconocibles, entre ellas HardWear, Knot y Sixteen Stone, mientras sigue renovando su red de tiendas. Su colección de alta joyería Blue Book 2026: Hidden Garden presentó en Venecia su interpretación de otoño después de su lanzamiento en Nueva York. Y Bvlgari, con una nueva propuesta de alta joyería y relojes que generó ingresos récord. La Maison también llevó su exposición Kaleidos a Shanghái y presentó en Nueva York una instalación monumental dedicada a Serpenti, uno de sus códigos más reconocibles. Ambas estrategias muestran un denominador común: recurrir a sus iconos y mantenerlos vivos.

TIFFANY & CO.

Hay otro dato fundamental para entender lo que está ocurriendo: China. LVMH explica que la evolución del tercer trimestre estuvo condicionada por un entorno menos dinámico en China, mientras Estados Unidos, Europa y Japón registraron un buen crecimiento. El impacto se hizo especialmente visible en Moda y Marroquinería, una categoría que retrocedió un 5% orgánico entre julio y septiembre. En cambio, Relojería y Joyería consiguió crecer ese mismo 6%.

Al mismo tiempo, este cambio también conecta con una transformación más amplia del comportamiento del consumidor del lujo. Y es que, en un escenario todavía incierto, LVMH está defendiendo una estrategia basada en aumentar continuamente la deseabilidad de sus marcas, apoyándose en la autenticidad y la calidad de los productos, la excelencia del retail y la capacidad de adaptación.

Aquí entra en juego un concepto que continúa ganando peso: desirability; o, lo que es lo mismo, generar deseo en lugar de volumen o cantidad. Es evidente que el lujo no funciona únicamente vendiendo más, sino que provocando que determinados objetos parezcan irreemplazables. Precisamente un sentimiento que también puede conseguirse con la joyería, teniendo en cuenta que ahora vuelve a recuperar ese poder de autoexpresion e identidad.

Así pues, se puede decir que en la industria del lujo la conversación ha cambiado y no es una cuestión de quien pierde o de quien gana, sino de unos movimientos generados por emociones, sentimientos y nuevas necesidades que ponen en el centro del discurso la artesanía, herencia, creatividad y valor emocional.

BVLGARI

Beatriz Badás
Beatriz Badás
Periodista
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