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miércoles 4 febrero 2026
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El corazón, el símbolo generacional más icónico del universo joyero está de vuelta

El collar de corazón es mucho más que una tendencia: es un símbolo generacional

San Valentín siempre ha sido una fecha clave en el universo joyero. Año tras año, se reafirma como uno de esos momentos en los que la joya trasciende su valor material para convertirse en un gesto cargado de intención, emoción y memoria. Aunque las tendencias evolucionan y los códigos estéticos cambian, las tradiciones permanecen. Y no solo eso: las nuevas generaciones no las abandonan, sino que se aferran a ellas y las reinterpretan, celebrándolas de una forma más personal y significativa, casi como un homenaje al pasado para asegurar que siga formando parte del futuro.

En este contexto, hay una pieza que regresa con fuerza: el corazón en collares, pulseras, anillos y pendientes. Sí, está oficialmente de vuelta. Y, aunque el colgante de corazón es el favorito, este símbolo en todas sus versiones vuelve cargado de ese romanticismo que, aunque no siempre lo admitamos, sigue teniendo un lugar privilegiado en nuestro imaginario.

Clásico, emocional e increíblemente versátil, el collar de corazón ha sido durante décadas el comodín perfecto. Regalo de cumpleaños, de bautizo o de aniversario, hoy vuelve a posicionarse como la apuesta más segura de San Valentín. Y es que, para quienes siguen declarando amor eterno a los años 90 y principios de los 2000, el collar de corazón es mucho más que una tendencia: es un símbolo generacional. Tras verlo entre celebrities como Kate Hudson en alfombras rojas o en comedias románticas como Una rubia muy legal para convertirse así en un símbolo pop, aspiracional y femenino, este charm que nunca se ha ido realmente, reaparece ahora con una intención más moderna.

Además, se trata de una pieza que se adapta con naturalidad a cualquier momento, traspasando el momento San Valentín: pasa del look especial al uniforme diario sin esfuerzo, se mezcla con cadenas, se superpone o se luce en solitario. Y ahí reside su verdadera fuerza.

En un momento en el que la joyería busca cada vez más significado, conexión emocional y permanencia, el símbolo de corazón vuelve a ocupar su lugar como ese “final touch” al que siempre regresamos. Una joya que no solo habla de amor romántico, sino también de memoria, identidad y continuidad.

Beatriz Badás
Beatriz Badás
Periodista
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