Fundadora de Lilla Jewels y directiva en el Laboratorio Gemológico MLLOPIS. Paola representa la unión entre el rigor científico y la creatividad. Tras una sólida trayectoria en el mundo financiero, decidió volver al origen para liderar la “re-evolución” del negocio familiar. Su misión es clara: democratizar el conocimiento gemológico y ofrecer una joyería ética donde color, certificación y cercanía sean los verdaderos protagonistas.
Tu familia lleva tres décadas dedicada a la gemología. ¿Qué significa para ti formar parte de este aniversario y continuar ese legado?
Significa mucho, aunque confieso que no siempre fue una decisión evidente. Durante años, la idea del relevo generacional me producía cierto vértigo e inseguridad; es un legado muy sólido y sientes el peso de estar a la altura. Sin embargo, con el tiempo he entendido que continuar es también evolucionar. Hoy, ese vértigo se ha transformado en orgullo. Me siento honrada de poder sostener ese legado que mi padre ha construido con tanto esfuerzo, y de aportar mi propia mirada para que el laboratorio siga creciendo.
¿Cómo recuerdas tus primeros contactos con el mundo de las gemas dentro del laboratorio familiar?
Tengo recuerdos muy visuales. Me viene a la mente el taller del yayo, con todos esos cajoncitos llenos de piedras que, para mí, eran auténticos tesoros. Conservamos con mucho orgullo su tabliz y sus herramientas, tenemos como un pequeño museo en el Laboratorio para rememorar nuestros orígenes.
También recuerdo cuando mi padre montó el primer laboratorio en nuestra propia casa; vi cómo las paredes desaparecieron para dar lugar a un espacio amplio y luminoso, lleno de instrumentos, libros y gemas por toda partes.
Crecí viendo cómo el hogar y la gemología se fundían.
¿Qué valores te transmitieron tus padres o abuelos que sigues aplicando hoy en tu trabajo?
Mi padre siempre repetía un mantra de vida que aprendió de mi abuelo: Constancia, disciplina y saber hacer. Crecí viendo que con esfuerzo y dedicación diarios todo es posible. La gemología exige un estudio riguroso y continuo, mientras que la buena joyería requiere paciencia y respeto por los tiempos. Hoy aplico esa misma filosofía en mi marca: prefiero ir despacio y garantizar un trabajo bien hecho, a correr y perder la esencia.
¿Por qué decides crear Lilla Jewels?
Como te comentaba, dudaba de si estaba preparada para liderar MLLOPIS, me daba vértigo. Pero, por otra parte, tenía claro que quería continuar con el legado familiar de alguna forma, llevarla a mi terreno. LILLA surgió de esa unión: la idea de crear una marca de joyería artesana, un guiño a mi abuelo, con gema de color natural y certificada, un guiño a mi padre. Es mi forma de honrar a las dos generaciones anteriores creando algo propio.

¿Cuál es tu papel tanto en la marca como en el laboratorio gemológico?
Tengo un perfil híbrido, con un pie en la gestión y otro en la creatividad. En MLLOPIS, mi misión, además de la gestión financiera, es proyectar el laboratorio hacia el futuro. Aporto la estructura y la estrategia necesarias para que todo ese saber hacer que lidera mi padre se traduzca en una empresa moderna, digitalizada, cercana y transparente. En cambio, LILLA es mi espacio de inspiración. Como fundadora, defino la estrategia, pero sobre todo vuelco mi pasión en la dirección creativa.
Tu marca se define por joyas certificadas, personalizadas y con un diseño actual. ¿Cómo describirías la esencia de tu proyecto?
La esencia de LILLA Jewels es el color, la artesanía y el legado. Creamos joyería fina de líneas minimalistas y atemporales, con gemas naturales cuidadosamente seleccionadas, y con una base muy clara: la confianza.
Diseñamos piezas pensadas para durar y acompañarte toda la vida, hechas con metales nobles y con la intención de que puedan pasar de generación en generación. Personalizamos porque cada persona tiene una historia, y certificamos porque creemos en la transparencia: queremos que quien elige una joya LILLA sepa exactamente qué está comprando y por qué tiene valor.
Somos especialistas en gemas de color, trabajamos con una gran variedad de piedras más allá de las “clásicas”, como el tsavorita, granate piropo, turmalina, espinelas, iolita, tanzanita, amazonita, ópalo de fuego… para dar a conocer el mundo de las gemas y ayudar a cada persona a encontrar “su gema” y “su color”. Para nosotros, el color no solo embellece: transmite emociones, carácter y momentos. Por eso cada pieza se convierte en una forma de expresión personal, tanto para celebrar algo único como para llevar belleza al día a día.
Nuestras joyas se diseñan, fabrican y certifican en España. Trabajamos con piedras preciosas de origen natural. Creemos en una belleza auténtica, hecha con rigor, sensibilidad y responsabilidad.
¿Qué es lo que más te inspira a la hora de reinterpretar un oficio tan clásico desde una mirada contemporánea?
Vivimos en la sociedad de la inmediatez, donde todo va demasiado deprisa. Y precisamente por eso me inspira reinterpretar este oficio: porque la joyería, en el fondo, es un acto de pausa. Es volver al origen, a lo manual, a lo que se hace con tiempo y con sentido.
Me motiva recuperar la atención, la intención y la presencia en cada paso: desde elegir una gema por lo que transmite, hasta diseñar una pieza que acompañe de verdad a quien la lleva. Para mí lo contemporáneo no es correr detrás de una tendencia, sino crear joyas que encajen con la vida real de hoy: más conscientes, más auténticas.
Y también me inspira unir tradición y transparencia: cuidar el oficio artesanal, pero contarlo de forma clara, cercana y honesta. Que la persona entienda el valor de lo que está comprando, se conecte con la historia de su gema y sienta que esa joya no es “una más”, sino una elección con significado.
¿Qué papel juega la certificación gemológica en tu marca y por qué es tan importante para el consumidor de hoy?
Es fundamental, porque la certificación es la base de la confianza. Hoy el consumidor es mucho más exigente: quiere saber qué está comprando, de dónde viene y por qué tiene el valor que tiene. Y para nosotros la transparencia no es un extra, es un pilar.
En joyería, la apariencia puede engañar: una gema natural, una sintética o una piedra tratada pueden parecer muy similares a simple vista, pero su naturaleza y su valor son completamente distintos. El certificado pone la verdad sobre la mesa: identifica la gema, describe sus características y, cuando aplica, informa de posibles tratamientos.
Al final, la certificación protege al cliente y también dignifica el oficio. Porque cuando compras una joya certificada no estás comprando solo “algo bonito”: estás comprando una historia real, una calidad comprobada y la tranquilidad de que lo que llevas es exactamente lo que te han dicho.
¿Qué tendencias has detectado este año teniendo en cuenta que las piedras preciosas de color viven un gran momento?
Veo que la gente quiere color con personalidad, huir de lo estandarizado. También noto más interés por la trazabilidad: saber el origen, los tratamientos y la calidad real de lo que compran. Y, sobre todo, una tendencia imparable hacia la personalización. Nosotros respondemos a eso con un mantra muy claro:”Elige tu gema, hacemos tu joya”. Gracias a nuestra trayectoria, disponemos de una gran variedad de gemas de color de origen natural. Ofrecemos un catálogo de inspiración pero te invitamos a que elijas la piedra que te enamora y, a partir de ella, creamos la pieza a tu medida.
¿Cómo imaginas la evolución tanto del laboratorio familiar como de tu propia marca en los próximos años?
Imagino un crecimiento con un mismo hilo conductor: más conocimiento, más transparencia y más confianza. En MLLOPIS, mi visión es consolidar el Laboratorio como un referente en el mercado hispanohablante, potenciando no solo la certificación y la tasación, sino también la divulgación y la formación. Me ilusiona que cada vez más profesionales y particulares tengan criterio para entender lo que compran, y que la gemología deje de ser un mundo poco conocido para convertirse en un ámbito accesible, claro y útil.
Y en LILLA Jewels, quiero seguir creciendo con calma: creando joyas certificadas, personalizadas y atemporales, donde la gema sea la protagonista y donde cada cliente sienta seguridad en su elección. No se trata de vender por vender, sino de vender con responsabilidad: que la persona compre con información, con conciencia y con una conexión real con su pieza.
Al final, me gustaría que tanto MLLOPIS como LILLA contribuyan a lo mismo: que el consumidor compre mejor, con criterio, y que el valor de una joya bien hecha se entienda y se respete.


